SOBRE LA PELÍCULA

El Hombre Que Vio Demasiado

El accidente, la imagen, la obsesión

Una película sobre una cara irresistible, con tonos hitchcockianos: una cara que ha confrontado una y otra vez a la cámara en oscuridad completa; como si su vista por el lente fuera a revelar algún indicio psicológico de porque una persona desea dedicarse a documentar la muerte.

Cuanto más tratamos de entenderlo y reconocer nuestra propia fascinación irresistible con los accidentes, más nos damos cuenta que nosotros también estamos entrampados por la mirada de Metinides.

Su pasión por el cine Mexicano y Americano moldeó su manera de ver la vida. De niño faltaba a la escuela para ir al Cine a tomar fotos de lo que se estrenaba en la pantalla. Luego salía a la calle, buscando la realidad de lo que había visto en pantalla —siempre buscando el vínculo entre los dos mundos. Empezó tomando fotos de carros accidentados, pero Metinides rápidamente se graduó en lo más macabro. Desde los nueve años, sus fotos fueron publicadas en primera plana de los periódicos de la Ciudad de México por más de cuarenta años. Se trata de un niño sin infancia y que de adulto empezó a coleccionar juguetes, como si su vida la hubiera vivido al revés. Un chico con el ojo de un adulto; un niño perdido en el cuerpo de un adulto.

Siguiendo los pasos de Metinides y la fotografía de tabloide contemporánea, descubrimos la Ciudad de México, vista por la narrativa de accidentes y escenas de crimen. Estas capas de movimiento giran alrededor del tranquilo mundo dentro de la casa de Metinides, que se ha convertido en un almacén de las memorias de su pasado: colecciones de fotografías, colecciones de álbumes de tragedias y desastres categorizadas, colecciones de camiones de bombero y ambulancias de juguete, de imágenes de la Virgen de Guadalupe y ranas que lo han protegido en los trabajos peligrosos.

Metinides se acercaba al accidente para poder presentarlo como una escena en donde los actores principales han perdido el curso de sus vidas, su destino finalmente los ha alcanzado. Por esta razón, por solo un momento, los “extras” se convierten en el enfoque de las fotos de Metinides —sus imágenes están llenas de las caras de espectadores curiosos que capturan el momento de fascinación y curiosidad, momentos que todos sienten al pasar por la escena de un accidente, o al ver la muerte en la pantalla, los mirones.

Por el prisma del trabajo de Metinides, experimentamos una historia de la fotografía de tabloide en México. Apartándonos de la nostalgia, quizás, de sus imágenes —que a pesar de su intensidad reflejan el drama de cualquier metrópolis— al trabajo de fotoperiodistas de nota roja que actualmente se exponen a grandes riesgos en un país donde rige la violencia.

Mientras tanto, las obras de Metinides se han trasladado de la calle a los museos, de la cultura popular al mundo de bellas artes y colecciones privadas, de México a la escena internacional. Aun así, él se queda en casa, prefiriendo la seguridad y limitaciones de su barrio, regresando a su pasado con sus nuevas obras y encontrando placer en volver a contar las historias de los accidentes cada vez que tiene la oportunidad.